Rev. Padre Víctor Caviedes

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"Señor, el que tú amas, está enfermo".
{San Juan 11,1-45)

El Evangelio de Jesús ante Lázaro contiene una afirmación del Señor que es fuente perenne de esperanza: “Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá. Y el que vive y cree en mí no morirá para siempre”. Jesús nos invita con apremio a que en las situaciones humanamente más desesperadas, mantengamos la esperanza. Florecerá también en vosotros, queridos hermanos, pasado el duro invierno que n os toca pasar ahora. Así lo espero y se lo pedimos a nuestro Señor Jesús con toda el alma. 

Solidaridad, libertad, esperanza. He aquí un mensaje para todos los presentes, sea cual fuere nuestra posición ante la fe cristiana.

La solidaridad que nos hace sensibles a todas las formas de sufrimiento que afligen a nuestra sociedad nos hace hoy particularmente sensibles al sufrimiento de esta familia, Jesús se compadece y llora al ver a Lázaro en el sepulcro.

Y ¿cómo lloramos con Jesús? Lloramos con Jesús por tener compasión a los sufridos. Cuando un conocido fallece o cuando fallece un familiar de un conocido es compasivo exponer nuestro pésame a la familia. Tal vez le traigamos una olla de frijoles desde que su miseria le prohíba de preparar la comida. Lloramos con Jesús por recordar a los muertos de nuestra propia familia – asistiendo a misa o visitando sus fosas en el aniversario de sus muertos. Lloramos con Jesús por actuar con bondad cuando reportan las grandes catástrofes en el mundo. Cuando hay un terremoto en Sur América, un tsunami en la Asia, o una guerra en la África, que recemos por las víctimas. Y, si es posible, que mandemos un aporte por su alivio. Con estos y un millón de otros actos de compasión lloramos con Jesús y esperamos la vida eterna. Con Jesús esperamos la vida eterna.
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