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¿Se acabó
el padre Maciel para los Legionarios de Cristo?
No podemos nosotros reconocer al padre Maciel como un modelo. Sus actos han sido
no solamente reprobables, sino terribles. Nos ha costado muchísimo reconocerlos,
porque no coincidían con lo que nosotros experimentamos, con lo que vimos, con
lo que escuchamos. Yo no te puedo decir en lo personal que no recibí unas
lecciones totalmente opuestas a este comportamiento. Por lo tanto, con un dolor
muy profundo, hemos de decir que no lo podemos tener como modelo de las acciones
totalmente ajenas a lo que nosotros profesamos y tratamos de enseñar y
comunicar.
¿Pero qué van a hacer con la figura histórica del padre Maciel?
Es evidente que tenemos que reconstruir la historia. Creo que es un reto hacia
el futuro. Tenemos que reorientar totalmente la figura. Para una congregación es
lo más doloroso que puedes recibir, porque estás hablando de tu propio fundador.
Iremos a un momento de reflexión profunda, sincera, en la verdad. Va a depender
de eso el futuro de la imagen que tengamos de él, que desde luego ha cambiado
totalmente después de estos actos.
Nos dijo el viernes el vocero de la Legión, Javier Bravo, que habías ofrecido
disculpas, en privado, a tres de las víctimas de Maciel. ¿Lo seguirás haciendo?
Sí. Yo tenía esa intención cuando fui a México. Pero se desató todo esto que
hemos vivido en los días últimos en México.
¿Con quién hablaste?
Con el padre Félix Alarcón, que fue de los primeros que denunció estos actos. Lo
fui a visitar a Madrid. Estuve un buen tiempo con él. Encontré una respuesta
realmente extraordinaria, de un hombre muy bueno. Él me dijo: "Tú no hiciste
estos actos". Yo le dije que experimento la necesidad de acompañarle, de pedirle
un perdón por lo que estos actos pudieran implicar, por no haber creído, porque
el padre Maciel había negado estos actos. Luego he tenido algunas conversaciones
con otras personas, con otros padres que me han pedido privacidad. He encontrado
respuestas muy positivas. Tuve la oportunidad de hablar dos veces por teléfono
con Juan José Vaca, un hombre que admiro, al que había conocido un poco antes de
que yo fuese Legionario de Cristo. Y también dos conversaciones breves con don
Saúl Barrales, que me apena muchísimo su enfermedad: creo que es un
extraordinario hombre. Apenas pueda ir a México, desde luego que quiero
acercarme a las demás personas, que aprecio profundamente y estoy seguro que
necesitan una palabra y una manifestación de cercanía.
Una de esas personas es José Barba, el líder del grupo. Él dijo el viernes que
en el comunicado no está explícito el perdón para ellos.
Yo creo que hay otras personas también que han sido afectadas por estos hechos
tan tristes, tan difíciles. Me parecía difícil enumerar a todas las personas.
Pero desde luego al padre Félix Alarcón, al licenciado José Barba, a Saúl
Barrales, a Alejandro Espinosa, a Arturo Jurado, a los hermanos Pérez Oliveros,
a Juan José Vaca. Y también es una cosa que veo providencial, desde los ojos de
la fe y el lado humano, a Francisco González Parga. Cuando yo estaba en Irlanda
hace muchos años tratando de aprender inglés, él fue el primero que me habló de
la vocación sacerdotal. Le tengo una profunda gratitud, porque soy muy feliz
como Legionario de Cristo, soy muy feliz con mi sacerdocio.
Tal parece que ahora toda la crítica es al padre Maciel y no a la estructura de
los Legionarios de Cristo, al menos la estructura de 1955 a 2005.
En el comunicado, que aunque es largo no deja de ser sintético, hemos expresado
también nuestro perdón por no haber creído. Pero creo también que es un periodo
muy importante para hacer una sana crítica. Es un periodo de renovación, donde
tienes que seguir dirigiendo todas las cosas buenas para el bien de la sociedad.
Y también tenemos que orientar, corregir, mejorar varias facetas de nuestra
congregación. La visita apostólica también nos está ayudando en este sentido.
¿Tienes información de cómo han tomado las personas de la Legión y el Regnum
Christi el documento que emitieron el viernes?
Me da pena decirlo, pero han sido días muy intensos y no he podido recoger la
información. Han llegado respuestas en general positivas. La gente quería este
comunicado, necesitaba escuchar que aquello que predicamos y profesamos, aquello
que hemos hecho lo posible por comunicar, no correspondía a estos actos. Creo
que es una reacción que la gente ha agradecido. Siempre habrá diversas
opiniones: si fue débil, si no fue clara. Pero, en general, he recogido
impresiones positivas.
¿Cuándo vas a estar en México?
Pienso ir en mayo. Voy a estar unos días en Roma, luego tengo unos compromisos
en España, regreso a Roma y, con la gracia de Dios, voy a estar allá a mediados
de mayo.
Quizá para mayo se tenga ya el resultado de la investigación que el Vaticano le
hace a los Legionarios de Cristo. ¿Qué esperas de esa investigación?
Espero, sinceramente, que sea un parteaguas en la congregación. Espero que la
Santa Sede nos ayude a corregir, a reorientar la figura de nuestro fundador. Y
también a hacer un análisis, una autocrítica profunda. Y estamos dispuestos a
llevar a plenitud todo aquello que recibamos.
¿Vivirá, continuará la Legión de Cristo?
Yo creo que sí. Los Legionarios de Cristo es una obra que, para mí, como
sacerdote, la veo como venida de Dios. Sé que ha hecho un grandísimo bien. Tengo
confianza total en que va a seguir y que tenemos que aprender lecciones de
humildad. Espero que las aprendamos en las diversas facetas de nuestra vida
espiritual, humana, apostólica, pastoral, y que podamos dedicarnos a hacer el
bien en la sociedad, especialmente en México, tanto en la clase dirigente como
en las clases más necesitadas y pobres, para poder orientar hacia allá nuestro
trabajo.
¿Cómo te sientes, Álvaro? Finalmente hicieron este deslinde, a mi juicio claro,
de Maciel?
Me es muy difícil expresarlo. Siento que no tengo derecho a manifestar lo que he
sufrido, y lo que hemos sufrido como congregación: la ofuscación, la tristeza,
el dolor, la pena profunda. Yo no quisiera expresar que lógicamente me las he
pasado muy mal, pero estoy muy sereno, tranquilo de conciencia, porque hemos
buscado actuar de conciencia, con todos los errores y limitaciones. Me siento
con mucho dolor, con muchísima pena. Es algo que yo nunca hubiera imaginado el
día cuando fui elegido. Si hubiera sabido todo lo que iba a venir, pues creo que
hubiera habido un funeral, me hubiera dado un infarto. Pero, sin embargo, estoy
muy orgulloso de esta familia. Estoy muy, muy feliz con todo lo que veo en mis
hermanos, en la sociedad. Me siento, por un lado, con muchísimo dolor, con
muchísima responsabilidad. No quiero pensar en lo que yo esté pasando, sino en
las personas que han sufrido, en todos estos hombres que han tenido situaciones
de profundo dolor, profunda pena, y daría la vida por poder suavizar la carga y
el sufrimiento de tantas otras personas. (Ciro
Gómez Leyva)
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