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La Justicia de Dios se ha manifestado por
la fe en Jesucristo |
Benedicto XVI llama a la justicia en su mensaje de Cuaresma
05/02//2010
(por: pastoralhispana.org)
El mensaje del Papa para la Cuaresma de este año
tiene como tema “La Justicia de Dios se ha manifestado por la fe en
Jesucristo”, texto tomado del capítulo tercero de la carta del
Apóstol San Pablo a los Romanos. El mensaje, fechado el 30 de
octubre del 2009, y hecho público hoy, está articulado en cuatro
apartados en donde Benedicto XVI, con su pedagogía magistral y como
Pastor de la Iglesia Universal, busca que todos los creyentes
interioricen el sentido profundo del tiempo penitencial que es la
Cuaresma, y entiendan de manera clara el significado de la justicia
de Dios, que es modelo para la justicia de los hombres.
Y precisamente el primer argumento del Papa es el explicar el
término “justicia” que desde la antigüedad se ha definido como “dar
a cada uno lo suyo”. Sólo que esa definición no explicita lo que
significa eso “suyo” que corresponde a cada quien, y que visto desde
la perspectiva humana se puede quedar en los anhelos de bienes
materiales, que ciertamente son útiles y necesarios – el anhelo de
la justicia distributiva dice el Pontífice -, pero que a fin de
cuentas no ofrece al ser humano todo los “suyo”. Por eso, en este
primer apartado Benedicto XVI dice que además del pan y lo material,
el ser humano “necesita a Dios, que es quien concede y comunica
gratuitamente su amor a los hijos creados a su imagen y semejanza”.
En el segundo apartado del mensaje para la Cuaresma del 2010,
Benedicto XVI se pregunta sobre el origen de la injusticia, que en
nuestros días puede ser asociada a las carencias, especialmente de
alimentos, que sufre gran parte de la humanidad. Y la respuesta la
ofrece tomando como referencia el texto del capítulo 7 del evangelio
según san Marcos, en donde Jesús hablando a la gente, dice que no es
lo de fuera lo que contamina al hombre, lo que come, sino que es lo
que sale de él, lo que se fragua en el corazón del ser humano lo que
hace mal.
Y llama la atención el Papa sobre ciertas tendencias de pensamiento
e ideologías actuales que tratan de justificar en “causas
exteriores” los males e injusticias de las sociedades, dando como
solución la “eliminación” de esas causas exteriores para que
entonces reine la justicia. Benedicto XVI dice que “esta visión es
ingenua y miope, porque la injusticia, fruto del mal, no tiene
raíces exclusivamente externas, sino también tiene origen en el
corazón humano, que es el que alberga al egoísmo, el verdadero mal
de nuestra caída humanidad”.
Por eso el Papa, en la continuación de su mensaje para la cuaresma,
plantea como tercer punto de reflexión el retomar la sabiduría del
pueblo de Israel que hace una relación entre la bondad de Dios al
“levantar al desvalido” y la justicia para con el prójimo. Benedicto
XVI dice que en hebreo se usa la palabra “sedaqad” para significar
esa virtud de la justicia en donde por un lado, el creyente acepta
plenamente la voluntad de Dios, y por el otro, es movido a actuar
con equidad ante su prójimo, especialmente con el pobre, el
forastero, el huérfano y la viuda.
Estas ideas están representadas, continúa diciendo en su mensaje el
Papa, en el episodio de la entrega de la Ley de Dios a Moisés, hecho
que ocurrió después que Dios escuchó el clamor de su pueblo, y lo
liberó de la opresión. De allí que para el creyente de hoy, y para
entrar en la justicia, es necesario salir de la ilusión de la
autosuficiencia, del estado de cerrazón, y realizar un “éxodo” más
profundo que el que obró Dios con Moisés, porque lo que se debe
buscar es la liberación del corazón.
La palabra final del mensaje para la cuaresma de este 2010, que fue
presentado hoy, Benedicto XVI la centra en Cristo, la verdadera
justicia de Dios. Si bien se puede preguntar qué justicia es esa
donde el justo muere en lugar del culpable, y donde el culpable
recibe bendiciones, donde pareciera que cada quien recibe lo
contrario, Benedicto XVI responde que esa es precisamente la
justicia de Dios, que es distinta a la humana porque con la entrega
de su Hijo ha pagado un “precio exorbitante” para rescatarnos del
pecado, que es el verdadero origen del mal.
Y esa justicia de cruz pone de manifiesto que el hombre, explica
Benedicto XVI, no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro,
de ese otro que es Cristo. Convertirse a Cristo, llamado principal
del tiempo de la cuaresma, es “salir de la ilusión de la
autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia,
indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su
amistad”. Benedicto XVI augura que este tiempo de cuaresma, “tiempo
penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica
conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que
vino para cumplir toda justicia”. (RV)
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