Turquía 7 Mayo 2010 (RD).-
No fue un acto de un enfermo mental, sino un asesinato ritual, con modalidades y
motivaciones propias del fanatismo religioso. Esta nueva tesis sobre el
asesinato del presidente de los obispos de Turquía, monseñor Luigi Padovese, la
lanza hoy la agencia AsiaNews, del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras,
que inserta, pues, el homicidio en una visión fundamentalista del Islam.
La agencia pontificia considera, además, que, a la luz de hechos, "hay que
revisar las declaraciones del gobierno turco y las primeras convicciones
expresadas por el Vaticano, según las cuales el asesinato no habría tenido
motivaciones políticas o religiosas, aún quedando claro que, como dijo Benedicto
XVI, este asesinato no se puede atribuir a Turquía y la turcos, y no debe
entorpecer el diálogo interreligioso".
"Los testigos - escribe la agencia del PIME hoy - afirman haber escuchado al
obispo pedir ayuda. Pero aún más importante es que oyeron los gritos de Murat
inmediatamente después del asesinato".
Según fuentes citadas por la agencia del PIME, el asesino se subió al techo de
la casa y gritó: "Maté al gran Satán ¡Alá Akbar!".
Así pues, la secuencia del asesinato se clarifica: El obispo fue apuñalado en su
casa. Desangrándose, tuvo la fuerza de salir fuera y pedir ayuda. Allí se
desplomó y murió. Cuando ya estaba en el suelo, lo degollaron.
"El grito - dijo la agencia del PIME - coincide perfectamente con la idea de la
decapitación, lo que hace pensar en un sacrificio ritual contra el mal".
Esto vincula el asesinato con grupos ultranacionalistas y fundamentalistas
islámicos que, al parecer, quieren eliminar a los cristianos de Turquía. Además,
según un diario turco, el Milliyet del día 4 de junio, el asesino había dicho a
la policía que cometió el crimen "por revelación divina"
Según la agencia del PIME, "la presunta locura del joven de 26 años que desde
hacía más de cuatro vivía junto al obispo es ahora insostenible".
Ercan Eris, el abogado de la Conferencia Episcopal turca, dice que el asesino no
pudo pasar de la normalidad mental a lo locura en un día y que no hay informe
médico alguno que le hubiese diagnosticado una enfermedad mental.
Está claro, pues, que el joven está totalmente cuerdo. "No hay certificado
médico alguno sobre su discapacidad mental. Recientemente dijo que estaba
deprimido, pero ahora se cree que todo esto era una estrategia para defenderse
más tarde".
Ayer llegó el ministro de Justicia a Iskenderun, condenó explícitamente el
asesinato y garantizó que se hará todo lo posible para arrojar luz sobre lo
sucedido.
El establecimiento de la verdad es necesario para el Estado turco, como
demostración de su modernidad y de su capacidad para garantizar los derechos.
Pero también es necesario para la Iglesia.
Según declaraciones de la policía, parece que Murat está ofreciendo una nueva
justificación de su crimen. Asegura, ahora que monseñor Padovese era homosexual
y él, Murat, de 26 años, la víctima "obligada a someterse a sus abusos".
La estrategias defensiva del homicida intenta, pues, sostener la hipótesis de la
"legítima defensa".
Según los expertos turcos citados por la agencia del PIME, el asesinato de
Monseñor Padovese muestra una evolución de las organizaciones fundamentalistas.
En efecto, es la primera vez que su objetivo es tan alto. Hasta ahora habían
asesinado a simples sacerdotes. Pero, esta vez, el blanco fue el el jefe e la
Iglesia en Turquía.
Al mismo tiempo, sus justificaciones se tornan cada vez más sofisticadas. Ya no
se limitan a la «locura», el argumento utilizado en el asesinato del padre
Andrea Santoro, sino que buscan explicaciones dirigidas a sembrar la confusión
en la opinión pública nacional e internacional.