Rev. Padre Víctor Caviedes

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Homilia del padre Victor por el Labor Day (ver video completo)

Labor day

      Este dia lunes se celebro el Labor day (dia  del Trabajador).  

        La Palabra de Dios que para los creyentes tiene el papel de iluminar, fortalecer y dar esperanza en el camino de la vida personal y social de cada tiempo, nos ayuda a descubrir y valorar el sentido del trabajo humano.  
Iluminados por la Palabra de Dios 

     El relato del Génesis (1, 26-2,3) cómo Dios crea al ser humano a imagen y semejanza de Él, y lo constituye señor de todo lo que existe. Esto implica que le da poder para que a través del trabajo, lo domine y lo haga desarrollar con el esfuerzo de sus decisiones, de su inteligencia y de sus habilidades.

      Es interesante descubrir en el lenguaje del escritor de este relato que Dios parece ser visto, también Él, como un trabajador cuando afirma que “concluyó para el día séptimo todo el trabajo que había hecho: y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho”.

      En la lectura del Evangelio de Mt (13, 54-58) nos encontramos con Jesús, que, estando de visita en su tierra de Nazareth, a pesar de las cosas profundas y sabias que anuncia a la gente, es mirado en menos, no valorado por el mero hecho de ser parte de una familia, de la que hace cabeza un carpintero llamado José, para nosotros San José.

      Jesús es descalificado por la sociedad de su tierra y de su tiempo. Sucede también lamentablemente en la sociedad de nuestro tiempo, que a la gente le resulte escandaloso, chocante, el hecho de que siendo de una familia humilde, que vive el mandato de Dios trabajando cada día de manera modesta pero digna, el joven Jesús aparezca enseñando a la multitud con una sabiduría inesperada.

      Esto parece indicar el poco valor en que la gente tiene el hecho de sobrevivir en base a la experiencia, tantas veces dura y mal considerada o remunerada, del trabajo.   

El camino de nuestra reflexión 

      Reflexionar sobre estos relatos nos ayuda a darnos cuenta del valor del trabajo.  El Catecismo de la Iglesia Católica nos ofrece valiosas pistas para conocerlas. Por ej.

1.- El trabajo humano procede directamente de personas creadas a imagen de Dios y llamadas a prolongar, unidas y para mutuo beneficio, la obra de la creación dominando la tierra.

2.- Trabajar, de acuerdo a la propia dignidad que el Dios creador da a cada persona, no sólo es un deber sino un derecho, ya que la experiencia de trabajar honra los dones de voluntad, inteligencia y solidaridad que Dios nos hace, y los talentos o cualidades que nos concede a cada uno: sensibilidad social, habilidad intelectual o manual, capacidad de liderazgo, creatividad, organización.

3.- A la luz de la fe cristiana, soportar el peso que tiene el trabajo de cada día, a veces, humillante o no valorado debidamente, en unión con Cristo el carpintero de Nazareth y el crucificado en el Calvario, en una manera de colaborar con Él en la redención de la sociedad.

4.- Un aspecto estimulante de la experiencia de trabajar es que en el trabajo la persona ejerce y aplica una parte de las capacidades que están dentro de su naturaleza. Esto significa que el trabajo no es una simple mercancía que se compra o se vende como un objeto cualquiera, sino que su valor primordial depende de la dignidad de quien trabaja, siendo el trabajador su autor y su destinatario.

      Ante este hermoso panorama del sentido del trabajo vemos que nos falta hacer camino para llegar a una situación que esté de acuerdo con el plan de Dios sobre la sociedad.

     Por esto se puede decir que es triste ver la realidad actual, por ejemplo en muchos paises pobres, cuando nos encontramos con tanta gente en estado de desempleo, con la angustia y frustración que esto significa para el trabajador y su familia.

      Cómo no pensar que nuestra sociedad está socialmente enferma cuando no es capaz de hacer posible un trabajo digno, bien remunerado, que valore realmente la persona humana en sus necesidades básicas, más allá de las leyes del mercado.

     Le pedimos a María, madre del Señor, mujer dueña de casa, que nuestro pueblo, en medio de sus fortalezas y sus debilidades, llegue a ser una gran familia de hermanos, donde todos y cada trabajador y familias tengan, pan, respeto y alegría.